Hay que ser un poco vago

Hay que ser un poco vago…

Hablando de vagancia, defendámosla.
Vacaciones. Es el tiempo vacío. De la misma raíz proviene la voz “vago”. Vacío. Vagos. Di-vago. Pensar. Vaguedad.
Acuéstese en un diván —puede ser en su casa, es gratis— y practique asociaciones de ideas, de reflexiones, que son las flexiones del alma y el fortalecimiento del diafragma de la mente. Usted debería ser un poco vaga, señora. Vaga creadora. Vaciarse de para llenarse de. ¿De qué? De mundo interior, por cierto. De usted misma. De poesía, de fantasía.
Porque usted es interior. Además de lo que muestra a los demás, me refiero al look del correspondiente show que todos hacemos.
Hay que vaciarse, enseña Krishnamurti.
No criemos hijos únicamente eficientes, ganadores, exitosos. La mente vagabunda es tan importante como el cerebro programador.
Los vagos pueden llegar a ser grandes creadores. Porque tienen mucho mundo interior, por eso no necesitan tanto del exterior.
Eso no significa que si su hijo es un vago usted se ponga a aplaudir de regocijo. Digámoslo así: todos los creadores requieren ser vagos, vacíos de otras ocupaciones, libres para pensar, para urdir la novedad de su mundo; pero, claro está, no todos los vagos son creadores.
Aristóteles decía que las matemáticas nacieron en Egipto porque ahí había una casta de sacerdotes que disfrutaban del tiempo vacío, es decir que eran vagos (recuerde, “vago” es vacío, con tiempo libre), y de aburridos no más se pusieron a divagar, a pensar, y terminaron inventando las matemáticas.
A usted padre, a usted madre, le toca verificar qué clase de vago o vaga le ha tocado en suerte.
De todos modos, lo que quiero insinuar es que tanto la vagancia extrema como la productividad a ultranza requieren de límites.
Esto es lo que critica Unamuno en sus Soliloquios y conversaciones:
“El trabajo es una cosa muy santa y muy buena, pero… Pero una vez se lamentaba amargamente delante de mí, un padre de lo que sus hijos habían salido. ‘Después de mis sacrificios por ellos…’, decía. Y sus sacrificios habían consistido en amasar una fortuna desatendiendo a sus propios hijos. Se pasaba en el escritorio horas que debió haber pasado con ellos. Creía que su obligación paterna se cifraba en dejar una fortuna a sus hijos… Y es que muchos censuran a los que no se proponen un fin en la vida, y ellos a su vez tampoco se proponen fin alguno, sino que trabajan por trabajar, por no aburrirse.”
El ocio, el ocio creativo, ese vagar que se torna divagar, debe ser estimulado tanto como el trabajo.
Los padres dan el ejemplo en todo.
Si solamente trabajan, LES FALTA ALGO.
Si solamente holgazanean, seguramente les faltará todo.