La revisión crítica del presente

La revisión crítica del presente

Sí, hay un orden nuevo. Y así como revisamos el orden viejo, también debemos revisar el nuevo.
No todo tiempo pasado fue mejor, y tampoco todo tiempo presente es espléndido. El tuteo, los jeans, el lifting, los aritos masculinos no modifican el interior humano y el exterior de nuestras relaciones.
Los antiguos creían que porque tenían pancita y un reloj colgando, en semicírculo de cadena fina sobre ella, ya eran respetables. Falso.
Nosotros creemos que porque jugamos al desdibuja-miento de las edades, de los lenguajes, de las apariencias, somos realmente iguales, y somos todos jóvenes y rozagantes. Falso.
—Libertad, hijo mío, es pensar, revisar críticamente qué somos, en qué estamos y con qué orden o límites nos movemos. No sea que abandonemos las coerciones de tiempos idos y no tomemos conciencia de las coerciones actuales.
Hoy te obligan a ser pibe. O pibe o nada, o nadie.
Y a tutearse, porque todos somos iguales y somos jóvenes y somos amigos.
Mientras existo, pienso. Y pienso que en última instancia ser pibe, tutear, ajustarse los jeans de tal manera que te salgan afuera los pensamientos más íntimos, nada de eso es malo.
Lo malo es creer que cuando uno adhiere a esas prácticas es libre. Peor es pensar que de esa forma uno manifiesta alguna rebeldía. No hace más que someterse a furiosas imposiciones —límites— de la actualidad social.
Lo malo es que todos nuestros valores se reduzcan a esa exterioridad.
¿Libres? Para nada. El libre elige. El que se somete a normas vendidas por afiches, por televisión, por radio, no es libre.
Libre es el que usa un camino, aunque podría usar otro. El que solamente sabe tutear no elige ni es libre. Está condenado a hacer lo que hace, a hablar como habla, a vivir como vive.
Necesitamos limitar las imposiciones de la moda, las de la ropa, las del lenguaje, las de los gestos, las de esta sociedad de masas que nos dice que somos todos libres pero nos quiere a todos uniformes, uniformados, en ropa, en ideas, en gustos, en gaseosas, en hamburguesas, en ruido…
Yo puedo hablar en lenguaje arrabalero y en lenguaje de salón y buenos modales. En consecuencia, elijo.
Hoy me visto como me sugieren las grandes marcas, pero cuento en mi riquísimo guardarropa con prendas que las grandes marcas mirarían con cierta repulsa. En consecuencia, elijo.
La sociedad impone límites, normas, prisiones. El hogar debe proporcionar alternativas, pensamiento crítico, ponerles límites internos a los límites externos.
Este es tu trabajo de madre, de padre; un trabajo, sí. Ayudar a tus hijos a revisar normas. Para ello necesitan tus normas. Y desde ellas podrán contemplar a las de afuera, y elegir.
Todos influyen en tus hijos, todos les dicen qué hacer, cómo moverse, qué pensar, dónde colgarse el arito, cuántas sexualidades ejercer, cómo ser felices, ¿por qué no has de intervenir también tú en sus vidas?