La única internacional activa

La única internacional activa

El siglo XX amaneció como siglo del niño.
Así lo expresa Octavio Paz:
“En la segunda mitad del siglo XX la única internacional activa es la de los jóvenes. Es una internacional sin programa y sin dirigentes. Es fluida, amorfa y universal. La rebelión juvenil y la emancipación de la mujer son quizá las dos grandes transformaciones de nuestra época. (…) Rimbaud decía que deberíamos reinventar el amor…”
En otro momento de su libro Corriente alterna, considera Octavio Paz:
“Aunque todas las épocas han conocido la querella de las generaciones ninguna la había experimentado con la violencia de la nuestra. El muro que separaba a un capitalista de un comunista, a un cristiano de un ateo, ahora se interpone entre un hombre de cincuenta años y otro de veinte. Al nivelar o dulcificar las diferencias sociales, la sociedad industrial ha exasperado las diferencias biológicas… Los jóvenes ni odian ni desean; aspiran a la indiferencia. Ese es el valor supremo, el nirvana regresa.
“… En la época de la electrónica, los muchachos escogen el silencio como la forma más alta de expresión…
“… La expresión de nuestra época es el fragmento… el acto espontáneo y aislado, el happening…
“La nueva rebeldía exalta, como el budismo, al hombre errante, al desarraigado…”
Y fue buena la intención, magnífica la propuesta, de redimir a los niños de su situación de humillación, de homúnculos en camino hacia el otro, de pasajeros hacia la edad madura, la única que vale y sirve para algo.
Gran revolución aquella. Como toda revolución tuvo sus idealistas, sus fanáticos, sus inquisidores, sus traidores y sus discípulos, esos que se especializan siempre en divulgar las palabras del maestro y mientras tanto tergiversarlas.