Libertad versus licencia

Libertad versus licencia

El NENE ESE que marcó mi vida y todos mis ulteriores viajes en avión, o en lo que sea, porque ya no subo confiado a ningún transporte de larga distancia sin estudiar previamente el terreno y lo primero que hago es cotejar dónde hay nenes, dónde hay padres y qué hacen los nenes con los padres y los padres con los nenes, ESE NENE, les decía, era seguramente una monada, pero… estaba solo en el mundo.
Mi psicólogo me dijo, cuando le conté la historia, que lo que ese chico intentaba era encontrar en mí un compañero de juego, y que no debía encolerizarme. Cambié de psicólogo, se imaginan.
Volviendo al jovencito aquel que me arruinó el más anhelado viaje de mi devenir existencial, ese niño no es un ser criado en libertad, sino en abandono. Hace lo que se le antoja, lo que le viene en ganas. No tiene límites. Nunca se enteró de la existencia de los demás, límite de su propia existencia.
Tiene padres, pero ellos no lo conducen, no limitan las rutas por donde debe transitar con las debidas señales de rojo, amarillo, verde. Los padres permisivos no dan libertad, dan licencia, otorgan vacío para que el otro haga lo que quiera.
Hacer lo que se quiere es todo lo contrario de lo humano. Lo humano consiste en hacer lo que se quiere dentro de lo que se debe y como se puede.
A. S. Neill fue un gran pedagogo, un revolucionario de la educación en este siglo, y creó una escuela que se llamaba Summerhill, donde los alumnos actuaban en libertad. Elegían. Y eso que elegían, la materia que querían, la actividad que preferían, se les tornaba un compromiso y una responsabilidad.
Él escribió:
“Lo que muchos padres no entienden es la diferencia entre libertad y licencia. En el hogar donde impera la disciplina, los niños no gozan de derechos. En el hogar donde se los consiente, el niño tiene todos los derechos. El hogar bien organizado es aquel en que los niños y los adultos disfrutan de iguales derechos.”
He aquí una buena demarcación. Ni la disciplina autoritaria, ni la permisividad abandónica.
El nene tiene derecho a jugar. Yo tengo derecho a viajar sin que me sacudan catastróficamente el asiento. La madre se lo debía haber explicado y hecho practicar.
¿Por dónde pasa la línea, se preguntará usted, que distingue entre libertad y licencia?
No hay tal línea. Cada padre, cada hogar ha de conocer a sus hijos, y cada hijo merece su propia línea, en función de sus propias tendencias. La libertad que le das a un hijo firme, seguro, conocedor del mundo y que se las arregla solo para salir de situaciones problemáticas, no se la das a tu otro hijo o hija, de edad próxima a la del anterior, porque no puedes confiar en sus autodeterminaciones. Este necesita ser guiado.
Hay niños que suben a los aviones y nadie registra su presencia. Otros deben ser… Iba a decir “maniatados”, pero la palabra correcta es “educados”, limitados, cuidados en el respeto al prójimo, y en todo caso si tienen una necesidad compulsiva de sacudir poltronas de avión, comprarles una, llevarla a casa, y que se desahoguen en el hogar.