Los límites de la responsabilidad de cada cual

Los límites de la responsabilidad de cada cual

Hay problemas que son muy específicos de los tiempos en que vivimos. Otros, en cambio, son eternos porque derivan de la estructura psíquica del hombre, como ser la competencia entre las generaciones, las relaciones de amor y contradicción entre padres e hijos.
Se encuentran en la historia de David, el gran rey, el antecesor del Mesías, y sobre ello escribí un libro para leer y discutir en familia.
Se halla en las gestas homéricas y en las epopeyas nórdicas, en los mitos y en las historias de todos los tiempos, empezando por el propio y hoy tan famoso Edipo.
Ahora quiero traerles un caso menos famoso, pero sumamente duro e ilustrativo. Se trata de Alcestes.
Alcestes era la mujer de Admeto. Este señor había cumplido su ciclo vital y debía morir, pero Apolo les rogó a las Parcas que le prolongaran la vida. Para ello era necesario que otros dieran su vida y se la regalaran a Admeto.
El sujeto de la supervivencia espera que sus padres, ancianos, lo hagan. Ellos se niegan. Alcestes considera que su deber de esposa es sacrificarse por Admeto. Lo hace, pero su acto heroico es recompensado por los dioses que salvan su vida a último momento.
De la ingratitud posterior de Admeto les contaré en otra oportunidad, o pueden informarse solos leyendo las diversas versiones dramáticas que se han compuesto sobre el tema desde Eurípides.
Sí quiero citarles los versos de ese genio griego: “Innumerables y diversas son las formas de los acontecimientos suscitados por el destino. Lo que esperamos no se realiza y un dios trae, en cambio, cosas inesperadas.”
Así es la vida, un destino inesperado tejido con los hilos de nuestras esperanzas.
En lo que hace a nuestro tema, es capital este diálogo de Admeto con su padre. El hijo le reprocha que su mujer, Alcestes, se haya inmolado y que su padre no estuviera dispuesto a sacrificarse por él. El padre le responde:
“No debo morir por ti, porque no es ley de los abuelos ni de la Hélade que los padres mueran por sus hijos. Tuyos son tu vida y tu destino, así en la dicha como en el infortunio. Cuanto podríamos darte nosotros ya lo posees…
“No mueras por mí como yo no muero por ti. Si te place la luz del sol, ¿por qué has de pensar que a tu padre le disgusta verla?
“¿Y tú hablas de mi cobardía, tú que te has dejado vencer como el más indigno de los cobardes por esa mujer que ha querido morir por ti, por su bello marido? Puedes decir que has hallado un medio ingenioso de no morir nunca, si cada vez que te amenace la muerte logras persuadir a tu mujer del momento de que sucumba por ti. ¡Y nos insultas a nosotros, los tuyos, y nos llamas cobardes cuando tú mismo te has conducido como tal!”
Es el principio establecido en la Biblia: “Los padres no serán castigados por los hijos ni los hijos por los padres, sino que cada uno cargará con su responsabilidad”.
Son textos para reflexionar.