Los padres amigos de los hijos

Los padres amigos de los hijos

Son unos plomos. Me refiero a los padres amigos de los hijos. Les están encima, se visten como ellos, procuran hablar en el lenguaje de ellos y decir las cosas que ellos dicen, y ver sus películas, y escuchar su música, y sonreír cuando esa música les perfora tímpanos y algo más, y mostrar buena cara, tener lo que se dice buena onda.
¿Usted tiene buena onda?
Es un tema que me preocupa. La mala onda no debe existir, ordenan los otros. Buena onda es ser joven, es ser energético y es ser saludable. Los que no funcionan así, reclaman, que se retiren del escenario.
Hay que estar divertido a toda costa, alegre, contento, joven.
Entonces los padres, para conquistar a sus hijos, tienen buena onda, buen jogging, buenas zapatillas de esas enormes que usan los chicos y se peinan para atrás con colita.
Amigos son los amigos, como dice un filósofo de la tele argentina. Amigos a toda costa.
Los pibes y las pibas, pobrecitos, huyen de nosotros, pero nosotros los perseguimos con nuestra amistad, contamos sus chistes, usamos sus palabras, y hasta procuramos ir a los boliches adonde ellos van.
Según Lawrence Wylie, “el padre norteamericano trata de convertirse en amigo de sus hijos, de modo que éstos deseen dirigirse a él en busca del consejo que les permita resolver sus problemas. A veces esa amistad es un hecho natural, y otras forzado”.
Por cierto que una amistad forzada no es una amistad benéfica. Caer como plomo sobre los hijos para darles golpes en la espalda o en el hígado, suavecito, claro, mostrando que uno espiritualmente es de la misma edad, abrazarlos, y ser amigo de ellos, quiéranlo ellos o no, es una actitud bastante corriente no sólo entre los del Norte sino en cualquier lugar del mundo, inclusive en la Argentina.
No nos fue bien con ese amiguismo prefabricado, hay que reconocerlo.
En consecuencia, abandonemos esas ficciones y seamos cada cual lo que le corresponde ser.
La piel lisa no puede borrar las arrugas del alma, insisto en recordar. Debemos vaciarnos de pre-juicios y de pre-recetas. La pre-pizza es bien posible y hasta sabrosa. La pre-vida es imposible, y si se la practica es nefasta.