Maxi habla por teléfono
Maxi habla por teléfono. Tiene entre quince y diecisiete años. Está contento. Se sienta en la silla, tira la espalda para atrás, mira el techo, mientras cuelga los pies sobre la repisa donde está el teléfono, que está dentro de un mueble que es biblioteca.
Mamá le dice:
—Bajá los pies de los libros.
Maxi no la oye, no la ve.
Mamá le pega un grito:
—¡Bajá los pies de los libros!
Maxi tapa el tubo emisor del teléfono y le dice a la mamá con tono cariñoso:
—Tómatelas, vieja, que estoy hablando con Teresita.
La mamá, antes de tomárselas, le da un golpecito a los borceguíes, número 43, para que se caigan de la biblioteca.
Maxi no registra. Maxi habla con Teresita y su voz alegre, llena de vida y enjundia, se oye en todo el edificio y es un reguero de regocijo para toda la humanidad.
Aparece un señor en pijama y le dice:
—Bajá la voz, Maxi, que el barrio no quiere enterarse de tus intimidades.
Maxi no toma nota de que le están hablando, está muy ensimismado. El señor tiene un registro de bajo profundo, y ensayando la mejor de sus posibilidades operísticas le repite la frase, pero esta vez ya con el dramatismo y la coloratura de un fragmento de Verdi:
—Maxi, la voz, bájala, ¿me oíste?
Maxi tapa el tubo, nuevamente se incorpora y replica dulcemente y en términos apenas audibles:
—Pero viejo, es Tere, ya sabés.
—Maxi, si seguís gritando, sigo gritando yo también, ya sabés.
—Es que, papá, yo soy así, yo hablo así.
—Lo único que te digo es que si gritás yo te sigo gritando.
Maxi lo mira y evalúa la opción de volver a afirmar su personalidad y su derecho a ser como es y a gritar como grita ya que, al parecer, gritar es esencia de su personalidad y no puede eludirlo, es más fuerte que él. Pero Maxi conoce al viejo y sabe que esa voz de Chaplin aplicada a ese diálogo acaramelado que está manteniendo con la Tere puede arruinarle el levante, y decide regular los decibeles para abajo.
El edificio, el barrio, se levanta y aplaude. La mamá pasa, minutos más tarde u horas más tarde, y automáticamente le baja los borceguíes de la biblioteca.
Del otro lado del tubo Teresa, ¿qué hará? ¿Dónde tendrá apoyados los pies?










