Yo no produzco nada, yo consumo

Yo no produzco nada, yo consumo

Dicen que ésta es una sociedad de consumo. Unamuno se opone a esa idea. Es una sociedad de productividad, porque, justamente, no sabe consumir.
Consumir sería hacer un buen uso, y obtener gozo de lo producido por unos o por otros.
Consumir sería cosa de paladar, de gusto, de deleite, y eso depende del ocio.
Lo que llamamos consumo es compra y venta. Constantemente compramos y vendemos, alternativamente.
Al personaje de Unamuno le preguntan:
“—¿Y usted qué produce?
“—Yo no produzco nada, yo consumo.
“—¿Escribe usted?
“—No, yo no escribo, yo admiro a los que escriben bien; mi oficio es el de admirador…”
Eso nos falta, ¿ven? Aprender a ser admiradores. Admirar es captar la maravilla de una margarita, de un atardecer, del sabor de cierta cerveza en cierta tarde de verano, de tu rostro, de la existencia.
Admirar es consumir belleza. Donde estuviere. Y no es, hijo mío, que ésta se plantee como alternativa: o produces o admiras. No. Tú mismo debes alternar entre el trabajo productivo y la actitud de fruición, de disfrutar; admirar es disfrutar. Tú decides de qué, hacia qué, por qué. No necesitas compartirla con nadie, es lo más privativo tuyo, justamente.
Tuercas, imagínate a Chaplin en Tiempos modernos, producimos todos por igual. Pero contemplar una tuerca y admirarla, eso ya es cosa privada, sumamente privada, y cuanto más privado tanto más placentero.
La persona que arriba a momentos de felicidad seguramente diría en esos instantes:
—Mi oficio es el de admirador…