Yo soy así
—Yo soy así —dice Maxi.
Lo aprendió de la sociedad. Nadie dice nada propio, en principio. Siempre se repiten frases hechas, sentimientos hechos, reacciones hechas, gritos hechos, rebeldías hechas, insultos hechos, caricias hechas. Así estamos hechos, para aprendizajes de rutinas.
Maxi grita porque hay que gritar. Así hablan todos, así habla él. Es para garantizar la comunicación, que el otro oiga. El otro oye pero no escucha, y es en vano que le griten.
Pero la cultura del grito, de los decibeles en las alturas, está establecida. Es un valor.
Maxi cree que grita porque él quiere gritar. Y luego, cuando se le reprocha que sea tan dadivoso y que entregue su voz no solamente a su amada Teresa sino a todo el universo, se encrespa, se enoja, porque —dice Maxi— esa es su voz.
—Yo soy así, yo hablo así.
Maxi no tiene patente registrada sobre el YO SOY ASI… Lo aprendió. Quizá de sus padres, de sus vecinos, de la tele, de la calle, de todos juntos.
Siempre, en algún momento, alguien se aparece con la legitimación:
Yo soy así… Lo lamento, pero no puedo evitarlo, soy así…
Como la famosísima fábula del escorpión que quería cruzar un río y le pidió a un sapo que lo llevara a cuestas y que le pagaría luego por el transporte.
El sapo le dijo:
— No puedo llevarte porque me vas a picar con tu veneno, y me matarás.
—No lo haré, te lo prometo, porque si te pico y te mato me hundo en el río, y entonces ¿qué gano?
El sapo se dejó convencer. Cargó con el escorpión y, en el medio del río, el otro lo picó.
El sapo le dice:
—Prometiste no hacerlo, ¿estás loco?
—Sí, pero no puedo con mi naturaleza, yo soy así…
Y se hunden los dos.










